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Sexo express

Tengo amigos que hablan sobre cómo conocen gente en aplicaciones de manera muy casual. Conozco a quienes tienen citas y salen por un café o a un bar; a quienes tienen encuentros casuales con desconocidos y siguen su vida; a quienes conocieron a su actual pareja así y ahora tienen una familia.

A mí, me dan pánico.

Conocer gente nueva, físicamente hablando, me incomoda. Puede ser ansiedad o un problema de socialización, pero siempre me pregunto qué pensaran de mí. Es por eso que arreglar un encuentro con una persona por internet nunca me atrajo.

No sabes quién es, ellos pueden mentir sobre su nombre, edad, profesión, gustos, intenciones…

¿Por qué arriesgarse?

“Es divertido y no hay compromisos”, me dijo una de las personas a las que entreviste –de quien nos reservamos su nombre por discreción–.

Puede ser divertido, pero cómo saber si el que está del otro lado de una pantalla no busca lastimarte o qué tal que te contagia de alguna enfermedad venérea.

Puede sonar como exageración, pero se han dado casos en los que un grupo criminal utiliza la aplicación para encontrar víctimas.

Tengo amigos que me recomendaban la aplicación para conocer gente; tengo horarios complicados y salgo muy poco. Tinder sería una buena opción, si yo no fuera una persona ansiosa e insegura.

Pero soy curiosa. Y quise saber cómo funcionaba Tinder.


· En México ·

De toda Latinoamérica, en 2016 México fue el país en el que más personas utilizaron una aplicación móvil para conocer gente. De acuerdo con un estudio de la Asociación Mexicana de Internet –cuyos resultados se entregaron el año pasado– en nuestro país, 65 millones de personas tienen acceso a internet. De estas, el 83 por ciento utiliza alguna “app” para conocer gente.

En un estudio realizado por la consultora Statista en 2017, se indica que las aplicaciones para encontrar pareja alcanzarán un valor de 68.2 millones de dólares. En este análisis, Tinder, Badoo, Happn y Grindr aportarían 21 millones de dólares; Millionaire Match, Ashley Madison y Sudy, contribuirían con 38 millones de dólares, y el resto sería de otros chats.

La aplicación más utilizada en 2017 fue Tinder, con 59.6 por ciento de las preferencias; la siguen  de Badoo, 15.2; Happn, 11.2; Grindr, 9.7; Hornet, 2.9, y Tagget, con 1.4 por ciento.

En cuanto al pago por servicios especiales que ofrecen algunas de las aplicaciones, 20 por ciento de los hombres y 16 de las mujeres sí gastan en ellas.

En cuanto al uso que les dan, 42.7 por ciento de los usuarios busca una pareja sentimental estable (noviazgo), 28.8 las utilizan para encuentros sexuales y 27.5 por ciento amistades.

Foto: Qualia

· ¿Qué es Tinder? ·

Esta aplicación geosocial, le permite a una persona crear un perfil en el que debes indicar tu edad, nombre y el lugar en donde estás. La “app” entonces busca gente cerca de ti –o en el rango de distancia elegido–, y la selección inicia.

En promedio, en México se realizan más de 3 millones de “matches” –cuando dos personas se eligen– al mes y un millón de conversaciones se registran diariamente. Argentina y Brasil son los países de Latinoamérica que siguen en la lista.

Aunque especialistas indican que son los millennials los que más usan Tinder –85 por ciento de los usuarios tienen entre 18 y 24 años–, es seguro que encuentres de todo.


· Abrir la cuenta ·

Después de armarme de valor, descargué la aplicación, pedí crear un perfil y comenzaron las dudas.

“¿Qué foto uso?, ¿pongo mi nombre completo?, ¿mi edad real?”.

Pues sí, tenía que ser honesta, a mí no me gustaría que alguien mintiera en su perfil y algo malo pasara.

Busqué entre mis fotos los tres “selfies” que tengo. Esas fotos que fueron planeadas, preparadas y el producto de muchas fotos previas. Elegí el rango de edad y distancia para que la aplicación me mostrara las opciones. Además, seleccioné que quería buscar hombres (te ofrecen tres opciones: mujeres, hombres y mujeres y hombres).

Y ya.


· El “Swipe” ·

Primera foto. Sé que tengo que deslizar la foto hacía la derecha si me interesa y a la izquierda si no. Es muy útil que al mover un poco la imagen, la aplicación te pone las leyendas “Like” y “Nope”. Además, en el ícono de información puedes leer la “Biografía” de las personas.

Se supone que puedes poner información sobre ti, lo que te gusta y qué haces. Yo me encontré que ponen su estatura, otros qué es lo que buscan y quienes dicen que son parejas y buscan un tercero.

También encontré a quien decía que era el “Futuro dueño de mi corazón” o al que “Iba a hacerme el desayuno”.

Vi perfiles en los que en definitiva mentían sobre su edad, quienes ponían fotos grupales, en ropa interior de ellos en el fondo de la imagen, fotos de los escudos de sus equipos favoritos y a unos muy católicos que ponían a la Virgen de Guadalupe…

Empecé a darle a la izquierda y en la tercer fotografía uno de mis temores. Ahí, en la pantalla de mi celular, una cara conocida. ¡Qué oso!

Y no porque haya visto a mi amigo usando la aplicación, sino porque él va a saber que yo la uso. Después del pánico inicial, llegó la resignación y ella me acompañó cada que me encontraba a un conocido.

Leí muchos de los perfiles y  me divertí haciéndolo. Pero con el paso de rostros e historias, me enfoqué en los rostros y después en las historias.

Y sí, hay gente muy atractiva y que parece interesante.

Sabía que tenía que darle a la derecha a uno, tanto por curiosidad como para saber qué pasa después; es como los niveles de un videojuego. Fui muy consciente de que para hablar con alguien, ellos también me tenían que elegir y eso me dio confianza; cualquier plática sería de mutuo acuerdo.

Por fin encontré uno que me dio confianza para elegir. En su foto se ve agradable y su biografía indica que es extranjero. A la derecha.

Me indica que somos match inmediato –él ya me había elegido–, y me pregunta la aplicación si quiero enviarle un mensaje.

Pánico.

No, no quería ser yo quien iniciara una plática. ¿Qué podía decirle que no fuera incómodo para mí?

Seguí viendo perfiles.

Entonces se convirtió en un juego, veía rostros y algunas biografías. Elegí personas que, creía yo, estaban fuera de mi alcance, y me refiero a que si me las encontrara en un café no me acercaría a hablarles por miedo al rechazo, y creo que ellos no me hablarían tampoco.

Fue divertido y emocionante cuando había “match” inmediato. Fue chistoso cuando tocaba mal la pantalla y elegía a alguien a quien no quería. Y tuve que controlarme cada vez que veía a alguno que en sus fotos salía con un perro hermoso.

Después llegó una conversación. Decidí responder. Yo no las iba a iniciar, pero tampoco iba a pretender que no estaban ocurriendo.

En una semana tuve 30 “matches”; hablé con 10.

Yo nunca creí que de verdad las personas pidieran sexo directamente.

Después de unos cuantos saludos iniciales, hubo quienes me invitaron a sus departamentos después de un “necesito tus besos” o tener “ganas de ti”; otros insistieron en que les diera mi número telefónico o les enviara fotos.

Decidí cambiar mi biografía y especificar que solo buscaba amigos, algo que no creí necesario al principio. No funcionó demasiado. Lo mejor fue no responder los mensajes.

Con uno tuve conversaciones más divertidas, le expliqué cómo era mi primera vez usando la aplicación y la experiencia que buscaba para hacer mi artículo; no sé si le gustó la idea o solo me dio por mi lado en su búsqueda de que accediera a verlo; él no me asustó como los otros como para dejar de hablarle, pero nunca lo conocí.

Me encontré también con extranjeros que estarán en Querétaro por unos meses mientras trabajan en algunas de las empresas de aeronáutica; coincidieron en que usan la aplicación para conocer gente que les enseñe la ciudad mientras están aquí.

Ahora puedo decir que entiendo la emoción, sí es divertido hacer un “match”. Es interesante ver a la gente que las usa, pero nunca perdí la ansiedad que me provocaba no saber quién estaba detrás de la otra pantalla.

Es muy probable que sí sean quienes están en las fotos, pero nunca lo sabré. No me animé a conocer a ninguno en persona, después de todo, no buscamos lo mismo. Yo buscaba un amigo o una cita; ellos querían sexo fácil, sin compromisos, y eso solo me hacía pensar en la cantidad de posibles enfermedades venéreas que pueden tener.

Adoptada por Querétaro desde los 3 años. Amante del cine, los libros, la música, el teatro, la tecnología, la comida, los supehéroes y mucho más. Curiosa por naturaleza y visualmente débil con tristeza.

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