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Escribir, una labor kamikaze

El problema al encontrar a tu escritor favorito es que debes tomar una decisión: leer las obras anteriores o las posteriores, partiendo de aquella que te cautivó; y por más devoralibros que seas, es una situación de conflicto cuando tienes más de un autor predilecto. Vas, compras el nuevo título y, de camino a casa, pasas por uno de los tantos bazares de libros del centro y encuentras ediciones de las primeras creaciones de ese escritor, algunas de pasta gruesa con hojas amarillentas, y –dicen los rumores callejeros– hasta autografiadas. Lo cierto es que te los llevas y así es como tu librería personal va creciendo; juras que los leerás todos, pero, como una hidra, terminas uno y ya tienes tres más.

Sin embargo, es reconfortante cuando conoces a un autor nuevo y lo vas siguiendo escrito con escrito; existe esa emoción de lo desconocido, sin riesgo a spoilers… pero sobre todo, al conocer a un escritor nuevo, está esa posibilidad de ejercer una crítica propia –aunque parezca pleonasmo–, sin influencias, al momento de la lectura por primera vez.

Si te agrada esta idea, esta serie es para ti; te presentamos los rostros de los nuevos exponentes de la literatura local, jóvenes que te ofrecen una visión de la ciudad y de la actualidad.

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Imanol Martínez tiene 25 años, y tan solo en 2016 obtuvo las credenciales para aparecer de lleno en el ámbito literario nacional; fue el ganador del Premio Nacional Manuel Herrera de Dramaturgia y del primer Concurso de Cuento Ignacio Padilla, con las obras de Neighborhood y Figuraciones del hogar, respectivamente.

Así fue el año pasado para él, sin embargo, escribe desde los 17, cuando comenzó a tomar talleres de creación literaria, como un contrapeso a la decisión de estudiar Filosofía.

–Sabía que quería estudiar Filosofía, pero quería escribir; no quería tomar una licenciatura de Literatura, entonces empecé a tomar talleres y el seminario de creación literaria (…) ahí estuve dedicándome, sobre todo, durante los primeros seis años, a escribir dramaturgia.

Cuenta que la primera recompensa que obtuvo como escritor fue ver publicado un texto suyo en la revista universitaria Tramoya, de Veracruz, en el 2012.

Luego, a los 23, viajó a Barcelona para estudiar el máster en Creación Literaria; a partir de allí se obligó a explorar otros géneros, en los que actualmente trabaja.

Para él, escribir es una labor kamikaze: es una actividad que nadie te pide que hagas –afirma– y menos en un país de pocos lectores; entonces no solo está el reto de la hoja en blanco, sino también de darle salida a una obra cuando está finalizada.

-Este primer año ha sido una especie de simulacro para mí, afortunadamente se ha correspondido el tiempo invertido y lo que he obtenido. No sé qué tanto sea suerte, por ejemplo, haber ganado el premio Nacho Padilla o el Nacional de Dramaturgia, o qué tanto fue oficio, ¿sabes? Es el año que he podido dedicarme a escribir y corregir y corregir y corregir.

-¿Cuáles son tus aspiraciones en el terreno literario de aquí a 10 años?

-Pues de entrada, poder vivir de esto.


Querétaro, ciudad de cambios

“Creo que soy de esos queretanos que nacieron antes del gran crecimiento que está teniendo Queretaro, un queretano que está viviendo el crecimiento de la ciudad a la par del crecimiento de su vida”, asevera Imanol, y resalta su visión de la ciudad: un lugar que aún busca su forma y que en ese proceso ha tenido un cambio radical y desmedido.

–Querétaro, como casi todas las ciudades del mundo, está cayendo en las manos de, pues digamos, este desarraigo, de la centrificación; es triste, pero no es único.

En esta problemática advierte otra desventaja: este proceso por el que está pasando la ciudad, y que ha sido paulatino en las últimas décadas, no aparece en el ámbito creativo, la ficción no es utilizada para documentar el paso del tiempo en estas tierras.

Y aunque detecta esta necesidad de recrear a Querétaro desde la literatura de ficción y no ficción, duda de que se pueda convertir en un espacio meramente literario, como lo fue en su tiempo la Ciudad de México en La región más transparente, de Fuentes; en las crónicas de Monsiváis o en Las batallas en el desierto, de Pacheco.

Sin embargo, considera que en el ámbito cultural se podría convertir en un referente nacional, especialmente en el rubro literario:

­–Creo que hay gente, no en términos de una literatura queretana, pero sí gente que está escribiendo en Querétaro, publicando en Querétaro o en otras partes del país, pero que hace su labor en Querétaro muy interesante.

En este sentido, reflexiona sobre lo que aún le hace falta a la ciudad para explotar su potencial cultural, y pone de ejemplo el bajo número de librerías y de centros culturales; asimismo, remarca en la urgencia de conectar las actividades que se realizan, apropiarse de los espacios en las periferias y promover el contacto barrial.

Figuraciones del hogar

Este es el título del cuento ganador del primer Concurso de Cuento Ignacio Padilla, y es la historia de un grupo de amigos, de entre 12 y 13 años, que deciden dejar la casa y su primer noche la pasan en un centro comercial.

­­–Lo que pasa en la trama de “Figuraciones…” es esa primer noche fuera del hogar, pero de fondo está una serie como de desarraigos, tanto la idea del hogar, tener una familia disfuncional y creer qué es un hogar.

Para concursar, Imanol dejó de lado un proyecto en el que trabajaba para meterse de lleno al género del cuento, lo que deriva en su preocupación literaria actual: la forma.

El lado lector

–Creo que soy mucho mejor lector de novela que de cuento, inclusive que de dramaturgia.

Javier Marías es su autor preferido, y se confiesa también como un seguidor de la no ficción, debido a que considera que, en esta, hay una cercanía editorial, a través de la crónica, el perfil o el ensayo. Y aunque tiene un proyecto en ciernes acerca de abordar el crecimiento de Querétaro desde una novela de no ficción, una combinación de sus dos gustos literarios, no tiene un autor favorito en este género.

Para finalizar, es precisamente desde su vida como lector que recomienda a quienes quieran dedicarse a la escritura que lean sin discriminar nada.

–No concibo la idea de un escritor que no lee, o que escribe más tiempo del que lee. Eso me parece muy raro. (…) Entonces, en un primer momento, leer y leer y leer, es importantísimo y es padrísimo.

Queretano de primera generación que siempre tendrá en su recuerdo la -en paz descanse- ruta 11. Comunicador nacido en los noventa con gustos por la música, el cine, la literatura y… pues todo, básicamente.

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